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2° WORKSHOP ACIP: ÓPTICA ADAPTATIVA

El lunes 5 de julio 2021, se realizó el segundo de los talleres organizados
por el Núcleo Milenio ACIP donde el tema principal fue la Óptica Adaptativa (OA).
Participaron expositores nacionales e internacionales junto a investigadores ACIP los que
compartieron en diferentes aristas del tema.

Clémentine Béchet, directora alterna de ACIP y parte de la organización del workshop,
destaca la mezcla entre presentaciones introductorias y otras más específicas lo que
entregó una vista amplia del tema. Andrés Guesalaga, investigador ACIP y co-organizador
de la actividad, comenta la importancia de estos encuentros los que permite no solo conocer
lo que se realiza a nivel internacional sino también el trabajo que se realiza a nivel nacional
en diferentes universidades. Esto permite proyectar mejor las futuras colaboraciones.

Ambos coinciden en que el desarrollo de la OA en Chile va de la mano con la formación de
capital humano. En este sentido, C. Béchet destaca la amplia participación de estudiantes y
postdocs en el taller. Es un evento importante en su formación, entregándoles un acceso
privilegiado para interactuar con los expositores. Es importante que gracias a estos
estudiantes y jóvenes, se pueda formar grupos de trabajo más amplios en Chile. Esto
posibilita la participación en más proyectos ya en desarrollo y la creación de nuevos.

Con respecto a los próximos pasos en esta área dentro de ACIP, el Profesor A. Guesalaga
nos cuenta que “el Núcleo Milenio ACIP ha comenzado un trabajo conjunto con el
Laboratorio Astronómico de Marsella en Francia, donde nuestro alumno de Magíster
Francisco Oyarzún, se incorporará a un proyecto mutuo PUC-LAM relacionado con
desarrollo de nuevos sensores de frente de onda piramidales. Esperamos que el alumno
realice una estadía en Francia por 2 meses a partir de Diciembre de este año”. Por
mientrás, la Profesora C. Béchet menciona que ACIP debería participar del taller
internacional ”Wavefront Sensing in the ELT Era”, organizado localmente en Noviembre
2021 por el Profesor Esteban Vera de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Esta actividad corresponde al ciclo de 3 talleres centrados en las
principales áreas de investigación del Núcleo Milenio ACIP donde el primero de estos fue
en Neuroestimulación el que se llevó a cabo el 20 de mayo. Para finalizar este ciclo, el
próximo 22 de julio se realizará el taller de deep-learning para reconstrucción de imágenes
cardiacas.

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UNA GALAXIA GIRATORIA MUY DISTANTE

Felipe Barrientos
Publicado por Emol, el 28 de abril de 2021

Hace unos días conocimos la noticia que un grupo internacional de astrónomos, que incluía a varios trabajando en Chile, había identificado una galaxia muy distante que tenía grandes cantidades de carbono y que, además, estaba rotando. La luz que estamos viendo de esa galaxia salió cuando el universo tenía sólo un poco menos de mil millones de años, y ha estado viajando por casi trece mil millones de años hacia nosotros.

Encontrar estas galaxias es increíblemente difícil, incluso con los telescopios más grandes instalados en Chile. Saber que está rotando es todavía más complicado. Entonces, ¿cómo lo hicieron estos científicos? Ocuparon ALMA, uno de los telescopios más poderosos, y además contaron con la ayuda de un cúmulo de galaxias, uno de los objetos más masivos en el universo.
En estas columnas ya he descrito el fenómeno de lente gravitacional, que consiste en que un objeto muy masivo, como un cúmulo de galaxias, actúa como una lupa gigante. Si tenemos la suerte que la galaxia distante, el cúmulo y nosotros estemos aproximadamente alineados, entonces el cúmulo distorsiona el espacio a su alrededor, de modo que la trayectoria de los rayos de luz que vienen de la galaxia distante se curva, igual que aquellos que pasan a través de una lupa. Cada cúmulo es único y es necesario entender cómo se distribuye la masa antes de poder usarlo como telescopio natural.
En este caso en particular, el cúmulo se llama RXCJ0600-2007, nombre que parece un número de teléfono, pero que en realidad sólo refleja su posición en el cielo. Se encuentra aproximadamente a medio camino entre la galaxia y nosotros. La galaxia por su lado se llama RCXCJ0600-2007-z6, y por efecto del cúmulo podemos verla en cuatro posiciones diferentes. Es decir, tenemos luz que viene por cuatro caminos distintos, que nos permite ver ¡cuatro imágenes de la misma galaxia! Por otro lado, cada una de las imágenes aparece amplificada de diferente manera. La imagen más débil se ve 20 veces más brillante que como la deberíamos ver sin el efecto de lente, y la más brillante ¡160 veces! Sin el cúmulo no habríamos sido capaces de encontrar y mucho menos estudiar esta galaxia.
ALMA nos ha permitido detectar carbono en el gas presente entre las estrellas de esta galaxia. Con estas observaciones podemos determinar que RCXCJ0600-2007-z6 es de menor tamaño que nuestra Vía Láctea y que también tiene menor masa. Pero no sólo eso es lo que sabemos de ella. Dado que tenemos la ayuda del lente, es posible reconstruir la forma de la galaxia utilizando las 4 imágenes que aparecen distorsionadas. Se puede ver la galaxia como realmente es, claro que el resultado es una imagen de aproximadamente 15×15 pixeles. Hoy podemos obtener una selfie con un celular de mucho mejor calidad, pero debemos recordar que esta galaxia está realmente distante y sin el cúmulo ni siquiera la veríamos.
El último elemento importante es que gracias al carbono podemos determinar que la galaxia está rotando, es decir, tenemos un disco galáctico o un disco en formación. Estamos probablemente presenciando algo muy similar a como deberían haber sido las primeras etapas en la formación de nuestra galaxia. El estudio de este tipo de objetos forma parte de la motivación para enviar un nuevo telescopio espacial a finales de este año. Si todo sale bien, podremos tener una nueva mirada de esta galaxia usando el Telescopio Espacial James Webb, de 6.5m el próximo año.

MATERIA OSCURA Y TORMENTAS ELÉCTRICAS

Nelson Padilla 
Publicado por Emol, el 03 de marzo de 2021

Si durante la próxima tormenta eléctrica ves un rayo lineal, recto como el haz de un rayo láser, avísame por favor.
Como hemos mencionado en varias columnas de este ciclo, el universo parece tener grandes cantidades de materia que, a diferencia de la materia normal que vemos todos los días en todo lo que nos rodea, no brilla de ninguna manera y por eso la llamamos materia oscura. Sin ella las galaxias no lograrían soportar la velocidad con la que rotan y se desarmarían. Pero su existencia no sería la única solución a este problema en particular, así que no tenemos certeza de que ésta exista y, aunque se barajan varias posibilidades, tampoco conocemos cuál sería su naturaleza.
Por otro lado, la materia de todos los días no puede evitar brillar, y por eso vemos el sol y las estrellas. Pero no solo brillan las estrellas, sino todo lo que está hecho de átomos: tú brillas en el infrarrojo y debido a eso se te puede ver en la oscuridad usando lentes de visión nocturna. Por eso sabemos que no es materia normal la que está ahí conteniendo a las galaxias; si lo fuera la veríamos en alguna parte del espectro de luz.
La materia oscura podría estar formada por partículas fundamentales que sólo se “ven” a energías altísimas que no se dan en la vida diaria. Los aceleradores de partículas como el LHC se usan justamente para lograr energías muy altas y así ver partículas fundamentales, pero igual se queda muy corto cuando hablamos de las partículas de materia oscura que se buscan hoy en día. Por eso el desafío es diseñar otras formas de poner en evidencia esa materia exótica de forma directa.
El hecho de que las galaxias existan y no se desarmen solo cuenta como evidencia indirecta, así que buscamos algo que se pueda realizar en un laboratorio o con observaciones más locales. Por ejemplo, recientemente surgió la idea de mirar con atención los rayos de tormentas eléctricas para encontrar la materia oscura ya que, si la materia oscura existe y está formada por partículas, estas pasarían por la atmósfera de la tierra de forma más o menos habitual. De hecho, no solo pasarían por la atmósfera, si no que atravesarían el planeta y saldrían incólumes al otro lado, pasando nuevamente por la atmósfera para salir otra vez al espacio. Es decir, que estas partículas podrían verse tanto entrando como saliendo de la Tierra.
Las partículas que normalmente se barajan como posibles candidatas a materia oscura pueden tener masas pequeñísimas, de fracciones realmente diminutas de un gramo. Pero también pueden ser partículas macroscópicas, que pesarían gramos o incluso kilogramos. Estas últimas tendrían un efecto bastante interesante, como lo notaron Nathaniel Starkman y sus colaboradores de Toronto y Cleveland. Partículas de semejante tamaño, por más que no interactúen con la luz en sí, podrían chocar con las moléculas de nuestra atmósfera, y en el proceso, ionizarlas. Esto es justamente uno de los ingredientes que se necesitan para hacer un rayo en una tormenta eléctrica. El rayo es la luz que se genera de la descarga eléctrica entre nubes, o entre nubes y la superficie, y esa descarga sigue un camino de moléculas de aire ionizadasque se caracteriza por ramificarse, a medida que avanza en un camino típicamente muy quebradizo.
Pero si en cambio justo una partícula macroscópica de materia oscura pasa por una tormenta, la partícula misma podría producir esta vía ionizada para la descarga del rayo en lugar de los procesos normales que ocurren siempre y muy seguido en las tormentas.
¿Cuál sería su característica particular? El rayo seguiría la trayectoria de la partícula de materia oscura. Éstas partículas pasarían a velocidades de cientos de kilómetros por segundo por la tierra (como lo hacen por toda la galaxia, hipotéticamente), así que sus trayectorias serían lineales, rectas, apuntando en cualquier dirección. Esperaríamos ver rayos linealesmuy diferentes a los rayos quebradizos que son el producto natural y común de una tormenta eléctrica. Los rayos lineales podrían ser verticales, oblicuos, e incluso conectar nubes, si la partícula macroscópica pasara “rozando” la superficie de la tierra y justo atravesara dos nubes de distinta carga.
Hasta ahora no hay registros de rayos lineales porque no se trata de una búsqueda fácil ya que, en todo el planeta, se dan unos 40 rayos por segundo y los rayos lineales serían muy poco frecuentes. Lo interesante es que se podría plantear esta búsqueda como un proyecto abierto al público donde, con un poco de suerte, todos podríamos ser partícipes de una posible solución al misterio de la materia oscura del universo.
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LA GRAN CONJUCIÓN: LA DANZA DE LOS PLANETAS

Leonardo Vanzi 
Publicado por Emol, 23 de diciembre 2020

Los seres humanos empleamos milenios para entender los movimientos de los planetas. Lo que en un principio era un rompecabezas, se reveló como una danza muy armoniosa. La Tierra, como todos sabemos, recorre su órbita en aproximadamente un año, a una distancia promedio del Sol de casi 150 millones de kilómetros. Llamamos esta distancia unidad astronómica. Júpiter recorre su órbita en 11.86 años terrestres, a una distancia en promedio de 5.2 unidades astronómicas del Sol. Finalmente, Saturno orbita el Sol con un periodo de 29.45 años, a una distancia promedio de 9.6 unidades astronómicas. Estos son los protagonistas del ballet al que estamos asistiendo en estas noches de diciembre.

Si bien las órbitas de los planetas son elípticas, como nos dice la primera ley de Kepler (1609), las elipticidades en general son muy bajas, por lo que podemos realizar cálculos simples con la aproximación de orbitas circulares. Así podemos calcular que la velocidad de la Tierra en su órbita es de casi 30 km/s, la de Júpiter es de 13 km/s y la de Saturno de 9.7 km/s, de nuevo, se trata de valores promedios ya que la segunda ley de Kepler (1609) nos dice que la velocidad de un cuerpo que orbita el Sol es mayor al perihelio, punto de la orbita más cercano al Sol y menor al afelio, el punto más lejano. Como vemos, los planetas más cercanos al Sol tienen velocidad mayor que los más lejanos. La tercera ley de Kepler (1619) plantea que el cubo de la distancia (en realidad del semi-eje mayor de la órbita) es proporcional al cuadrado del periodo orbital. En efecto podemos verificar que los números mencionados están en estas proporciones:

También podemos calcular cada cuanto tiempo Júpiter y Saturno se alinean con el Sol, esto ocurre cada 19.85 años. Así, Kepler ordenó muy bien las cosas, tres leyes simples dan cuenta de los movimientos de todos los objetos del sistema solar. Es precisamente parte del proceso de entender: reconducir fenómenos complejos y particulares a leyes simples y generales, este procedimiento se llama inductivo. A partir de las tres leyes de Kepler, Newton dio un paso más explicando todo con una sola ley, la Ley de Gravitación Universal.

Cuando Júpiter y Saturno se alinean con la Tierra podemos verlos muy cerca uno al otro en el cielo, esto es lo que se llama una gran conjunción. Este lunes 21 de diciembre se produjo un acercamiento aparente entre Júpiter y Saturno de tan solo 6 minutos de arco o 0.1 grados, equivalente a un quinto del diámetro de la Luna. Por supuesto, que en la línea de vista la distancia entre los dos planetas es de varias unidades astronómicas, como podemos calcular con un poco de geometría. Fui a observar el evento astronómico en el camino a Farallones y confieso que me sorprendí con la gran cantidad de personas que se encontraban allí por esa misma razón, muchos de ellos con un telescopio. Chile, país de la astronomía. ¡Y astronomía, ciencia para todas y todos! La gran conjunción seguirá visible durante las próximas noches y sin duda es la ocasión ideal para identificar los dos gigantes del sistema solar en el cielo, hacia el oeste, momentos después de la puesta del sol.

Kepler se dedicó a calcular las épocas de las grandes conjunciones, desafío no menor, y en particular identificó una gran conjunción en el año 7 a.C. Estableció que se trataba de una conjunción triple, la cual se produce cuando los dos planetas están en oposición (es decir en la dirección opuesta al Sol respecto a la Tierra, no es el caso actual). En esta configuración se producen tres acercamientos de los dos planetas en el cielo durante un periodo de algunos meses. Kepler hipotetizó que esta gran conjunción triple fuera la estrella de Belén, o sea el evento astronómico que guió los Reyes Magos a Jesús. De acuerdo con su teoría, Jesús habría nacido en el 7 a.C. y no en el 1 a.C. como en la tradición (cuidado aquí ¡el año 0 no existe!).

Para todos los que no tenemos las capacidades de cálculo de Kepler vale la pena descargar el programa Stellarium y buscar las grandes conjunciones del pasado, la de 1226, 1603 – que Kepler no pudo observar porque Praga estaba bajo las nubes – y también las del futuro, 2080. Para calcular la conjunción del 7 a.C. habrá que ingresar el año -6 porque astronómicamente sí existe el año 0. Con unos pocos clics de mouse tendremos en nuestra pantalla el cielo correspondiente a esas fechas. Hoy la tecnología nos da fácil acceso a herramientas de cálculo y de observación que en el pasado solo grandes genios como Kepler o Galileo eran capaces de manejar.

Eclipse 2020

El 14 de diciembre 2020 se observo en Chile el esperado eclipse solar. Compartimos fotos tomadas por el Profesor Leonardo Vanzi desde Santiago incluyendo una foto en el momento del máximo 78% de eclipse. El eclipse fue solo parcial en la Region Metropolitana y en las regiones de la totalidad (Araucanía, Los Ríos y Bío Bío) se vio afectada por malas condiciones meteorológicos que impidieron a muchos apreciar el evento.

Las fotos se tomaron con una focal equivalente de 1000 mm ocupando un objetivo Tamron de 500 mm y duplicador de focal. Tiempo de exposición 1/30 sec con filtro solar.

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Gobierno lanza el proyecto Sistema Nacional Espacial (SNE)

El 16 de noviembre se realizó una reunión virtual que correspondió a la inauguración del nuevo proyecto Sistema Nacional Espacial (SNE). En esta reunión hablaron el ministro de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Andres Couve, el subsecretario de Defensa Cristián De La Maza y el subdirector de Asuntos Espaciales de la FACH Coronel Luis Felipe Sáez. Los miembros del AIUC que asistieron fueron Cristian Chávez y Gaspar Galaz.

De acuerdo a lo reportado por nuestros miembros, el proyecto SNE en lo esencial es reemplazar el actual satélite FASAT Charlie con dos más (FASAT Delta y FASAT Echo), pero complementado con la construcción en Chile de siete microsatélites y varios nanosatélites (tipo cubesats, los más pequeños, de 10x10x10 cm y 1.3 kg máximo de masa). Se tiene como meta muy ambiciosa el crear una constelación satelital para el año 2030.

En este proyecto se ven oportunidades muy interesantes para el AIUC:

  • La FACH dispondrá de un laboratorio en que se podrá hacer trabajo en equipo y multidisciplinario. Esto será una oportunidad única para hacer red de contactos con quienes tienen ya proyectos satelitales y quienes tienen un programa de pregrado en Aeroespacial
  • Por las condiciones naturales de Chile para la astronomía, de forma estratégica se habló de hacer satélites con instrumentación astronómica nacional y también de hacer proyectos de apoyo a mejorar la performance de los observatorios
  • Para la modelación orbital de la constelación, se requeriría HPC, otra especialidad de miembros del AIUC
Foto:AP

Agua en la Luna: ¿de la poesía a la explotación de recursos?

Leonardo Vanzi
Publicado por La Tercera, 2 de noviembre de 2020

Hay recursos interesantes en la Luna y este es un primer punto importante a considerar en su futura explotación.

El proyecto SOFIA (siglas en inglés del Observatorio Estratosférico para Astronomía Infrarroja, de la NASA y del Centro Aeroespacial Alemán) es un acontecimiento extraordinario en si: haber armado y operar un observatorio astronómico a bordo de un Boeing 747, nos habla de la impresionante capacidad del ser humano de enfrentar desafíos complejos e implementar soluciones técnicas en búsqueda, en este caso, de ampliar los horizontes del conocimiento. SOFIA ya lleva mas de 10 años funcionando y acaba de sorprendernos con la noticia de haber detectado la huella espectral de agua en la Luna.

Volando a una altura de más de 10.000 metros, los instrumentos a bordo de SOFIA pueden detectar la radiación infrarroja normalmente absorbida por la atmósfera. En algún momento se habló incluso de operar este observatorio tan particular desde el territorio chileno, para aprovechar las condiciones geográficas favorables del país.

En cuanto al descubrimiento anunciado en estos días, cabe recordar que ha habido detecciones de agua en la luna anteriormente, sin embargo, la nueva observación indica una presencia mayor a lo esperado, la cual abre la opción de explotar este recurso en futuras misiones tripuladas, y en posibles instalaciones humanas en la superficie de nuestro satélite natural. Hay recursos interesantes en la Luna y este es un primer punto importante a considerar.

Antes de la era espacial e incluso durante ella hasta hoy, la Luna ha sido fuente de inspiración para numerosos artistas y poetas. Podemos citar el gesto poético del abogado Chileno Jenaro Gajardo Vera, quien inscribió a su nombre la propiedad de la luna y para que hablar de la fascinación que por ella sentía Pablo Neruda, entre muchos otros.

Pero me voy a detener en el gran Giacomo Leopardi, poeta italiano del siglo XIX, gigante de la literatura y del pensamiento, nunca suficientemente valorado fuera de su país natal. En su oda “a la Luna”, escrita en 1819 a la edad de tan solo 21 años, el joven poeta se dirige a ella llamándola “graciosa” y “querida”, luminosa espectadora de las angustias y de las miserias humanas.

El filósofo alemán Martin Heidegger nos alerta a poner atención y reflexionar sobre la “esencia de la técnica” en su ensayo “La pregunta por la técnica” de 1953. Según Heidegger la esencia de la técnica es transformar el “ser” en “fondo”. ¿Qué quiere decir con esto? Transformar la realidad en puros objetos, el mundo en puros recursos, listos para ser explotados y utilizados.

Hoy, inmersos en una época tecnológica, nos relacionamos con la realidad principalmente, o incluso exclusivamente, bajo la perspectiva del recurso, a través del paradigma de la utilidad. Así, la luna, de fuente de inspiración poética o artística, pasa a ser un objeto más al servicio del ser humano, fuente de minerales, base de observación, puesto de exploración. Y ¿qué hay de malo en esto? En realidad nada.

Sin embargo, Heidegger identifica un peligro en esa actitud frente a la realidad en la que incluso las personas pasan a ser recursos y el ser humano tiende a perder su propia esencia: “Un hombre que avanza por el borde un precipicio donde él mismo va a ser tomado sólo como fondo y mientras anda bajo esta amenaza se pavonea tomando la figura del señor de la tierra”, escribió Heidegger.

Si reflexionamos sobre esto, si miramos alrededor, nos damos cuenta que, con gran perspicacia, el pensador alemán anticipó precisamente lo que estamos viviendo, no solo con la Luna, sino con muchos recursos del planeta.

Entonces, ciencia, poesía, filosofía. ¿Qué tienen que ver? Pues, mucho. Porque si no somos capaces de conjugar los puntos de vista y la sabiduría que sobre la realidad nos aportan distintas disciplinas, distintas culturas y distintas sensibilidades, nos esperan tiempos muy difíciles y bajo ninguna perspectiva nos ayudará mucho la contemplación o el estudio de la luna.

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Miembros del AIUC Ganan Proyecto Núcleo Milenio

Los miembros del AIUC Profesor Andrés Guesalaga y Profesora Clémentine Béchelet son parte del equipo que gano el proyecto Núcleo Milenio 2019. El proyecto titulado “Núcleo Milenio para Aplicaciones de Control y Problemas Inversos” se enfocará en Neuroestimulación, Resonancia Magnética Cardíaca y Óptica Adaptativa.

Astrofísica: la “estrella” que brilla en los Premio Nobel

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Dr. Leonardo Vanzi

La astrofísica vuelve a sorprender con tres premios Nobel de física asignados este año a investigadores que, a lo largo de sus respectivas carreras, han realizado descubrimientos muy relevantes sobre los agujeros negros, objetos extraordinariamente exóticos que siempre han atraído el interés de los científicos y también del público por sus asombrosas propiedades.

Este gran resultado va alargando la lista de reconocimientos recientemente obtenidos por la astrofísica. De hecho el año pasado el mismo premio también fue asignado a tres astrofísicos por descubrimientos realizados en el estudio de exoplanetas y de cosmología. Apenas dos años antes, en 2017 se asignó el premio Nobel de Física por la primera detección de ondas gravitacionales emitidas en la fusión de dos agujeros negros.

¿Seguimos? En 2015 fue la solución del problema de los neutrinos solares con la prueba experimental de la oscilación de los neutrinos que mereció el Nobel. En 2011 fue el descubrimiento de la expansión acelerada del Universo. En 2006 las precisas mediciones del fondo cósmico de microondas y, sin volver más atrás en el tiempo, en 2002 se premió el desarrollo de la astronomía de rayos X.

En otras palabras, la presencia de la astrofísica en las cumbres más altas de los resultados científicos se ha ido intensificando durante las últimas dos décadas. Otro aspecto a señalar es que en los últimos tres años además se ha duplicado el número de mujeres ganadoras pasando de dos a cuatro, siendo la cuarta Andrea Ghez, ganadora de este año.

Todos saben que Chile es la cuna mundial de las observaciones astronómicas. En particular es preciso destacar el papel jugado por las observaciones realizadas desde los observatorios ESO La Silla y Paranal en el descubrimiento del agujero negro en el centro de la Vía Láctea realizado por Reinhard Genzel y su equipo, ganador 2020 y en el descubrimiento y estudio de exoplanetas realizados por Michel Mayor y Didier Queloz ganadores 2019. Sin embargo, Chile nunca se acercó más al Nobel por la física que en 2011, cuando las observaciones realizadas por los astrónomos nacionales Mario Hamuy, José Maza y colaboradores, fueron reconocidas como un aspecto clave del resultado premiado.

¿Qué podemos concluir de todo lo anterior? En primer lugar la importancia fundamental de la Astrofísica en los avances del conocimiento científico. En cierto sentido la frontera de lo desconocido se ha desplazado cada vez más lejos de nuestro entorno cotidiano y es la observación de fenómenos que ocurren a escalas “infinitamente” chicas o “infinitamente” grandes que nos puede entregar una visión nueva de la realidad, dándonos acceso a información que aun ignoramos. Si bien estos fenómenos son efectivamente muy alejados de nuestra realidad inmediata, abren nuevas páginas del conocimiento cuyas implicancias son impredecibles.

Otro aspecto es que Chile va consolidando cada vez más su relevancia como país anfitrión de los observatorios astronómicos más importantes del mundo, del presente, pero sobre todo del futuro. De hecho a los grandes observatorios Paranal, Gemini y ALMA, durante la próxima década se sumarán el GMT, el E-ELT, el Observatorio Vera Rubin, el Cherenkov Telescope Array. Instalaciones que prometen darnos acceso a un universo nunca antes observado y eventualmente aportar a desvelar misterios como la naturaleza de la materia oscura o la vida extraterrestre.

Todo esto representa para Chile una oportunidad que no puede ser desaprovechada. Frente a esto, cabe destacar la necesidad urgente de proteger de manera efectiva el cielo chileno de todo tipo de contaminación, en particular la lumínica y radio, así como de las constelaciones de satélites artificiales, todos factores que perjudican el alcance de las observaciones astronómicas.

Finalmente vale la pena destacar que, si bien ser anfitrión de las más importantes instalaciones científicas es sin duda una buena razón de orgullo, el orgullo y los beneficios podrían ser mucho mayores si investigadores, laboratorios, universidades y empresas chilenas tuvieran un rol protagónico en estas grandes aventuras del conocimiento. Esto, evidentemente, se podrá lograr solo generando condiciones favorables, parecidas a las que tienen los países más desarrollado, a través de una inversión importante en educación y ciencia.

No cabe duda que la astrofísica es un ámbito en el cual Chile tiene la oportunidad de sobresalir y es altamente deseable que jóvenes chilenos y chilenas puedan entusiasmarse con la noticia de los tres Nobel en Astrofísica para dedicarse con pasión a esta fascinante área del conocimiento. En particular Andrea Ghez afirmó: “Tomo muy en serio la responsabilidad de ser la cuarta mujer que gana el Nobel de Física, espero poder inspirar a otras jóvenes en este campo”.